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La mirada del Séptimo Sello

El realizador sueco Ingmar Bergman ha construido en esta película una de las miradas más aguda de la ruptura del cuerpo místico medieval y la emergencia de un individuo soberano de conocimiento cargado de una egoicidad propia de la modernidad. A lo largo de la cinta, un caballero de las cruzadas no sólo debe aguardar con recelo la muerte sino encontrar un fin que permita darle sentido a todo una vida atormentada. Las distintas escenas intentan en una trama muy sombría enfrentar a un protagonista heredero de los viejos valores de la tradición judeocristiana con la inevitable conclusión de que su época se ha agotado y encuentra en su lugar un mundo vacío del relato religioso.
La idea de la muerte se convierte en un eje central de la película; una muerte personificada y un viejo héroe medieval intentando encontrar un Dios van perfilando el mundo de desencanto tan propio de la modernidad. Los distintos personajes expresan los viejos vicios de una moral lapidaria que parece desvanecerse ante un inevitable fatalismo que conduce a sentir a la muerte como la única seguridad.
El uso recurrente de Bergman a los iconos del cristianismo sitúa al hombre en una atmósfera de decadencia que termina en los arrebatos del peregrinaje, la certidumbre esta presente en cada jugada de un tablero de ajedrez donde la Muerte aguarda pacientemente. No parece muy complicada la trama dispuesta en el Séptimo Sello: los juglares, las pinturas alegóricas propias de la Edad Media, el caballero y su escudero que con ironía asume la realidad, un contraste entre la muerte y la vida, un Apocalipsis donde la peste y los trastornos de la guerra van creando las expectativas sobre un final de un hombre que abandonado y derrotado se aferra a la imagen de una humilde familia de juglares que sobreviven al fatalismo.
A pesar de que sobreviene un nuevo día, algunos de los personajes de Bergman no esperan con la misma ansiedad sobrevivir al tormentoso Apocalipsis, por el contrario una vida anónima termina de rodillas frente a la muerte con la imagen de quien se resigna a un destino. Sólo queda claro que cada jugada en el tablero no es más que un pequeño tiempo que la Muerte deja al caballero para reencontrarse en su reflexión, la Muerte no da respuesta, no es una conciencia, sólo termina siendo la finitud de un cuerpo. El Hombre Moderno hijo de la Razón ha intentado reproducir la naturaleza a través de la experimentación y la comprobación, pero sigue siendo la Muerte y la búsqueda de sentido en el mundo una incógnita luego de la muerte de Dios.
José Fortique.

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