Violencia social: ¿estilo de vida o estrategias de sobrevivencia
VIOLENCIA SOCIAL COMO EXPRESION DE LA QUIEBRA DE UN MODELO DE CONVIVENCIA
Doctor Francisco Rodríguez
Universidad de oriente
Escuela de Ciencias de la Salud
franciscorodriguez50@cantv.net
rodfran@telcel.net.ve
Doctor Francisco Rodríguez
Universidad de oriente
Escuela de Ciencias de la Salud
franciscorodriguez50@cantv.net
rodfran@telcel.net.ve
¿Cómo se presenta o cuál es la situación de la violencia social hoy en Venezuela?.
Hablar de violencia social hoy en nuestro país, es hablar de un fenómeno de la vida cotidiana. Homicidios, suicidios, atracos, riñas, ajustes de cuenta, bandas armadas, drogas, etc. Lenta y progresivamente este flagelo se ha venido apoderando del cuerpo de la sociedad hasta convertirse en un tumor metastático que invade todos los tejidos sociales. Para muestra, un botón, el año pasado en el intervalo que significó el fin de semana correspondiente a la nochebuena de navidad, ocurrieron el país 134 homicidios; es decir, 2,7 crímenes por hora. Más personas muertas violentamente que en Irak, Palestina y cualquier otro país del mundo donde haya guerra, con la sola excepción quizás de Colombia en donde hay una guerra civil que tiene ya más de 40 años.
¿Cuál es la tendencia de la violencia social en Venezuela en estas condiciones?
La tendencia es al incremento de los homicidios y suicidios (para solo tomar este aspecto de la amplia problemática que representa el tema de la violencia social) en todo el país y en la región a medida que ha venido pasando el tiempo desde las dos últimas décadas, plantea situaciones de extrema gravedad tanto para la seguridad de la ciudadanía en general, como para el sector publico para el cual este fenómeno ya es una cuestión de seguridad de estado. Porque este fenómeno no puede ser visto como un conjunto hechos aislados, sino como la expresión de tendencias estructurales que amenazan seriamente con la destrucción de la sociedad en sí misma en cuanto parte del conjunto de la humanidad civilizada.
Creemos que este fenómeno aunque no apareció repentinamente, ha venido rebasando las capacidades de respuesta de los cuerpos de seguridad del estado y generando en la población en general estados de temor e indefensión. Ahora agravado con la aparición de un tipo de delincuencia de alto nivel de organización y agresividad que se concreta en el fenómeno de los secuestros con muerte de la víctima secuestrada. Significa esto la emergencia de un fenómeno de “gangsterización” o “enmafiamiento” de la delincuencia que copia el modelo de violencia tipo Colombia adoptando la modalidad del “sicariato”. Este método delictivo, por decirlo de alguna manera, no existía en Venezuela. Esto no formaba parte del mundo del delito en nuestro país. No es lo mismo el ataque de un azote de barrio o de una banda delictiva de un barrio que una organización delictiva que adopta la forma de “empresas del delito” con ramificaciones en las estructuras de poder, que más se parecen a una corporación que a una banda.
¿Cómo abordar este problema?, ¿Cuáles serían los métodos a emplear para abordar el problema más grave que jamás hayamos tenido en toda nuestra historia como pueblo?.
Desde el punto de vista de la Sociología y las Ciencias sociales en general, la mejor vía seria tratar de abordar estos acontecimientos como fenómenos sociales y luego intentar comprender porqué se producen, cuáles son sus causas.
Trataremos de señalar algunos elementos que nos permitan situarnos en el contexto social en el cual pensamos que surge el fenómeno de la violencia social como el problema más grave en la actualidad y a partir de los cuales podríamos comenzar a desarrollar planes de prevención social de la violencia.
¿Cuáles son los factores que influyen en la aparición y agravamiento del problema de la violencia social?
· Factores propios de la Sociedad en general:
1.- El paso de una sociedad tipo comunidad tradicional con asiento en la familia como estructura central y en los pequeños grupos primarios, a una sociedad tipo asociación urbana que rompe con todos estos patrones tradicionales de relaciones y valoración.
2.- El entronizamiento de modos y estilos de vida basados en la lucha por la supervivencia contra el otro competidor y/o explotador, privilegia la lucha por sobrevivir en el contexto de una sociedad de mercado.
3. Este nuevo tipo de sociedad se fundamenta en valores de foco individual y no de tipo sociocéntrico como: dinero, status material, consumo, confort y goce tecnológico y poder.
· Factores de tipo psicosociales:
4. Los nuevos modos y estilos de vida, nos han conducido a una situación existencial de “desarraigo”. Sentimos que no pertenecemos a nada significativo, que nada nos une, que no somos una “comunidad de pertenencia afectiva” y por lo tanto como no me siento ligado a nadie ni nada, no tengo porqué guardar ningún tipo de respeto o consideración por el Otro.
5. La visión del mundo y la vida desde la óptica de estos valores conduce a un individualismo y materialismo pragmatista en un pueblo que hasta hace poco era familístico y comunitario.
6.- Por efectos de estos mismos fenómenos se ha estado produciendo un proceso de desvalorización de la persona humana al mismo tiempo que una revalorización de los objetos y las mercancías (se puede matar por esto).
7.-La desvalorización de la vida y de la persona, conduce a la aparición de un fenómeno que pudiéramos denominar como de “Banalización de la vida y de la muerte”. Ya la vida del otro y la mía propia, no tiene ese valor sagrado que antes tenía y por lo tanto puede ser dispuesta a discreción no sólo por la necesidad material sino también por motivos banales como “unos zapatos”. La banalización de la vida significa también banalización de la muerte.
8.-Los procesos de modernización han significado trastornos severos en los proceso de las relaciones y comunicación interpersonales. Puesto que todo gira alrededor del mundo de los objetos y las mercancías, el ser humano termina convirtiéndose en una abstracción y las relaciones sociales relaciones entre abstracciones sociales. En un contexto de grandes aglomeraciones urbanas, este proceso genera relaciones interpersonales caracterizadas por la distancia comunicacional, la incomunicación en general y el anonimato.
9.- A su vez, esto ha ido fomentando una atmósfera socioemocional de desconfianza, recelo mutuo que termina generando ideas y fantasías de hostilidad y enfrentamientos.
10.- La pobreza y exclusión social que afectaron (y afectan todavía) a grandes masas de la población y el fracaso del modelo de realización social (y autorrealización) propuesto por la sociedad democrático- representativa, han generado la necesidad de reivindicación de las frustraciones sufridas por esos sectores y un fuerte resentimiento social que se traduce en comportamientos violentos destructivos y de compensación también violenta.
11.- El fracaso de un modelo de convivencia y asociación basado en la familia, la comunidad, el parentesco, en un primer momento y de los partidos, las asociaciones civiles y sindicales en un segundo momento, podría explicar el surgimiento de un proceso que podríamos denominar como de “tribalización de la sociedad moderna”. Bandas delictivas armadas que luchan por el control de un territorio y que combaten a muerte entre si (la cárcel es el modelo), podrían explicar mucho la mayor parte del comportamiento violento destructivo y delictivo. Podríamos decir que los hechos violentos que generan alrededor del 80% de las muertes violentas, se deben a enfrentamiento entre bandas, ajuste de cuentas, etc.
LA VIOLENCIA SOCIAL: EXPRESION DEL FRACASO HISTORICO DE LA SOCIEDAD.
Ya desde los años setenta y en pleno apogeo del período democratico-representativo, eran evidente las tendencias hacia la implantación de un estilo de vida y una cultura, que por más que nos parezca chocante ha terminado adoptando la ciudadanía en la vasta geografía de las formas de vida de la sociedad venezolana. Nos referimos al fenómeno de la violencia social. Atracos, robos, homicidios, suicidios, violaciones y abuso sexual, etc., eran los platos fuertes que configuraban el menú de la violencia social que asomaba su feo y repugnante rostro, por encima del escenario democrático que comenzamos a vivir ya desde los últimos años de la década de los 70.
Este no era un fenómeno exclusivo de Venezuela, pues lo encontramos en América Latina y otras partes del mundo; sin embargo, no estábamos acostumbrados a lidiar con este problema.
A medida que el estado se mostraba incapaz de resolver los problemas fundamentales, la pobreza se arremolinaba en las grandes ciudades, el campo se desintegraba (y con él el concepto virginal de comunidad) y las grandes ciudades se convertían progresivamente en el zoológico que iban a llegar a ser; el “Jinete del Apocalipsis” por excelencia que es la violencia social, se instalaba cómodamente en nuestra sociedad que todavía hasta los años 50 era rural. Esto no significa que Venezuela no conociera antes de esta etapa de su vida, la horrible presencia de la violencia. Ella existe desde el mismo momento de la conquista y colonización, puesto que nacimos como parte de la civilización occidental a partir de un gran acto de asalto, pillaje y violación y luego a través de toda la vida republicana hasta el siglo XX, pero ésta era más que todo violencia política. La violencia a la que nos estamos enfrentando hoy es de tipo social-pura, no política.
En este caso, no se trata de una violencia racial, étnica, religiosa, política (las cuales pueden estar presente), sino de una violencia que no reconoce diferencias, porque no es una violencia ideológica. Es una violencia masiva, no de clase social (aunque haya mucho de resentimiento social) y que puede ser también muy anónima e impersonal. Por primera vez en nuestro país nos enfrentamos a un enemigo anónimo, ubicuo, con fuerte capacidad para hacer daño y por eso, para nuestra desgracia, indefensos y atemorizados.
Pobreza, exclusión social, desintegración de la sociedad y la familia (y sobre todo la familia), predominio de mensajes de antivalores en los medios de comunicación, crisis del modelo sociopolítico, son algunas de las causas fundamentales de la producción de este fenómeno; sin embargo la cuestión del modo de vida que se fue implantando a partir de los años 70, podría ser un factor muy importante. El estilo de vida fundamentado en el mercado que comienza fuertemente para esta época, significó una tormenta social devastadora en las “tranquilas aguas” de la sociedad tradicional venezolana. Sobre todo, el desplazamiento que este estilo de vida hace del modo tradicional de ver la vida, el hombre y el mundo en general, del venezolano tradicional. La cesta de valores tradicionales que colocaba en el primer lugar a la persona, la familia y el parentesco, el honor y la honestidad, la pertenencia a una comunidad y una familia, ahora va a darle paso a un sistema de valores en donde lo que está en la cúspide de la pirámide es: dinero, poder, objetos, consumo y confort, status material, la rumba y “el pasarlo bien a toda costa”, etc. Significa que nada importa sino eso porque estos valores hacen obsoletos, por antiguos, los valores tradicionales. Esto conforma una manera de ver el mundo que no coloca a la persona en el centro sino en lugares inferiores. La honestidad, el parentesco y la familia, la pertenencia a una comunidad y una familia, pasan a ser cuestiones de carácter desechable.
Ahora bien, que debemos hacer porque pareciera que nada se puede hacer. Todo se puede hacer, desde el punto de vista del hombre y lo social. Por supuesto que los problemas de pobreza, exclusión social y discriminación tienen que ser abordados.
1.- Es urgentemente necesario comenzar a trabajar sobre la implantación de una contracultura que se enfrente a la “Cultura de la muerte”, esto es, una “cultura de la vida”. Tolerancia-respeto-compasión-solidaridad- el compartir- -responsabilidad- cooperación- valoración del sí mismo y del Otro. Esto puede comenzar a trabajarse masivamente a través de los medios de socialización básicos, como son: la familia, la comunidad, la escuela y los medios de comunicación. Mientras más temprano, mejor.
2.- Urgente intervención de instituciones fundamentales como la familia. Tienen que existir políticas públicas al respecto, pero aún sin éstas, es mucho lo que se puede hacer desde instituciones como las universidades.
3. Los medios tienen que cambiar mensajes que transmiten anti-valores y dedicar un tiempo significativo a difundir los valores de la “Cultura de la vida” que hemos señalado.
Estos son algunos de los lineamientos (hay muchos más) de estrategia general de prevención social de la violencia que podemos comenzar y de hecho ya lo hemos comenzado en nuestro grupo de investigación e intervención que se denomina “Familia, conflicto y violencia”. No podemos dejarle como herencia social a nuestros hijos y nietos, una “Cultura de la muerte”.
Hablar de violencia social hoy en nuestro país, es hablar de un fenómeno de la vida cotidiana. Homicidios, suicidios, atracos, riñas, ajustes de cuenta, bandas armadas, drogas, etc. Lenta y progresivamente este flagelo se ha venido apoderando del cuerpo de la sociedad hasta convertirse en un tumor metastático que invade todos los tejidos sociales. Para muestra, un botón, el año pasado en el intervalo que significó el fin de semana correspondiente a la nochebuena de navidad, ocurrieron el país 134 homicidios; es decir, 2,7 crímenes por hora. Más personas muertas violentamente que en Irak, Palestina y cualquier otro país del mundo donde haya guerra, con la sola excepción quizás de Colombia en donde hay una guerra civil que tiene ya más de 40 años.
¿Cuál es la tendencia de la violencia social en Venezuela en estas condiciones?
La tendencia es al incremento de los homicidios y suicidios (para solo tomar este aspecto de la amplia problemática que representa el tema de la violencia social) en todo el país y en la región a medida que ha venido pasando el tiempo desde las dos últimas décadas, plantea situaciones de extrema gravedad tanto para la seguridad de la ciudadanía en general, como para el sector publico para el cual este fenómeno ya es una cuestión de seguridad de estado. Porque este fenómeno no puede ser visto como un conjunto hechos aislados, sino como la expresión de tendencias estructurales que amenazan seriamente con la destrucción de la sociedad en sí misma en cuanto parte del conjunto de la humanidad civilizada.
Creemos que este fenómeno aunque no apareció repentinamente, ha venido rebasando las capacidades de respuesta de los cuerpos de seguridad del estado y generando en la población en general estados de temor e indefensión. Ahora agravado con la aparición de un tipo de delincuencia de alto nivel de organización y agresividad que se concreta en el fenómeno de los secuestros con muerte de la víctima secuestrada. Significa esto la emergencia de un fenómeno de “gangsterización” o “enmafiamiento” de la delincuencia que copia el modelo de violencia tipo Colombia adoptando la modalidad del “sicariato”. Este método delictivo, por decirlo de alguna manera, no existía en Venezuela. Esto no formaba parte del mundo del delito en nuestro país. No es lo mismo el ataque de un azote de barrio o de una banda delictiva de un barrio que una organización delictiva que adopta la forma de “empresas del delito” con ramificaciones en las estructuras de poder, que más se parecen a una corporación que a una banda.
¿Cómo abordar este problema?, ¿Cuáles serían los métodos a emplear para abordar el problema más grave que jamás hayamos tenido en toda nuestra historia como pueblo?.
Desde el punto de vista de la Sociología y las Ciencias sociales en general, la mejor vía seria tratar de abordar estos acontecimientos como fenómenos sociales y luego intentar comprender porqué se producen, cuáles son sus causas.
Trataremos de señalar algunos elementos que nos permitan situarnos en el contexto social en el cual pensamos que surge el fenómeno de la violencia social como el problema más grave en la actualidad y a partir de los cuales podríamos comenzar a desarrollar planes de prevención social de la violencia.
¿Cuáles son los factores que influyen en la aparición y agravamiento del problema de la violencia social?
· Factores propios de la Sociedad en general:
1.- El paso de una sociedad tipo comunidad tradicional con asiento en la familia como estructura central y en los pequeños grupos primarios, a una sociedad tipo asociación urbana que rompe con todos estos patrones tradicionales de relaciones y valoración.
2.- El entronizamiento de modos y estilos de vida basados en la lucha por la supervivencia contra el otro competidor y/o explotador, privilegia la lucha por sobrevivir en el contexto de una sociedad de mercado.
3. Este nuevo tipo de sociedad se fundamenta en valores de foco individual y no de tipo sociocéntrico como: dinero, status material, consumo, confort y goce tecnológico y poder.
· Factores de tipo psicosociales:
4. Los nuevos modos y estilos de vida, nos han conducido a una situación existencial de “desarraigo”. Sentimos que no pertenecemos a nada significativo, que nada nos une, que no somos una “comunidad de pertenencia afectiva” y por lo tanto como no me siento ligado a nadie ni nada, no tengo porqué guardar ningún tipo de respeto o consideración por el Otro.
5. La visión del mundo y la vida desde la óptica de estos valores conduce a un individualismo y materialismo pragmatista en un pueblo que hasta hace poco era familístico y comunitario.
6.- Por efectos de estos mismos fenómenos se ha estado produciendo un proceso de desvalorización de la persona humana al mismo tiempo que una revalorización de los objetos y las mercancías (se puede matar por esto).
7.-La desvalorización de la vida y de la persona, conduce a la aparición de un fenómeno que pudiéramos denominar como de “Banalización de la vida y de la muerte”. Ya la vida del otro y la mía propia, no tiene ese valor sagrado que antes tenía y por lo tanto puede ser dispuesta a discreción no sólo por la necesidad material sino también por motivos banales como “unos zapatos”. La banalización de la vida significa también banalización de la muerte.
8.-Los procesos de modernización han significado trastornos severos en los proceso de las relaciones y comunicación interpersonales. Puesto que todo gira alrededor del mundo de los objetos y las mercancías, el ser humano termina convirtiéndose en una abstracción y las relaciones sociales relaciones entre abstracciones sociales. En un contexto de grandes aglomeraciones urbanas, este proceso genera relaciones interpersonales caracterizadas por la distancia comunicacional, la incomunicación en general y el anonimato.
9.- A su vez, esto ha ido fomentando una atmósfera socioemocional de desconfianza, recelo mutuo que termina generando ideas y fantasías de hostilidad y enfrentamientos.
10.- La pobreza y exclusión social que afectaron (y afectan todavía) a grandes masas de la población y el fracaso del modelo de realización social (y autorrealización) propuesto por la sociedad democrático- representativa, han generado la necesidad de reivindicación de las frustraciones sufridas por esos sectores y un fuerte resentimiento social que se traduce en comportamientos violentos destructivos y de compensación también violenta.
11.- El fracaso de un modelo de convivencia y asociación basado en la familia, la comunidad, el parentesco, en un primer momento y de los partidos, las asociaciones civiles y sindicales en un segundo momento, podría explicar el surgimiento de un proceso que podríamos denominar como de “tribalización de la sociedad moderna”. Bandas delictivas armadas que luchan por el control de un territorio y que combaten a muerte entre si (la cárcel es el modelo), podrían explicar mucho la mayor parte del comportamiento violento destructivo y delictivo. Podríamos decir que los hechos violentos que generan alrededor del 80% de las muertes violentas, se deben a enfrentamiento entre bandas, ajuste de cuentas, etc.
LA VIOLENCIA SOCIAL: EXPRESION DEL FRACASO HISTORICO DE LA SOCIEDAD.
Ya desde los años setenta y en pleno apogeo del período democratico-representativo, eran evidente las tendencias hacia la implantación de un estilo de vida y una cultura, que por más que nos parezca chocante ha terminado adoptando la ciudadanía en la vasta geografía de las formas de vida de la sociedad venezolana. Nos referimos al fenómeno de la violencia social. Atracos, robos, homicidios, suicidios, violaciones y abuso sexual, etc., eran los platos fuertes que configuraban el menú de la violencia social que asomaba su feo y repugnante rostro, por encima del escenario democrático que comenzamos a vivir ya desde los últimos años de la década de los 70.
Este no era un fenómeno exclusivo de Venezuela, pues lo encontramos en América Latina y otras partes del mundo; sin embargo, no estábamos acostumbrados a lidiar con este problema.
A medida que el estado se mostraba incapaz de resolver los problemas fundamentales, la pobreza se arremolinaba en las grandes ciudades, el campo se desintegraba (y con él el concepto virginal de comunidad) y las grandes ciudades se convertían progresivamente en el zoológico que iban a llegar a ser; el “Jinete del Apocalipsis” por excelencia que es la violencia social, se instalaba cómodamente en nuestra sociedad que todavía hasta los años 50 era rural. Esto no significa que Venezuela no conociera antes de esta etapa de su vida, la horrible presencia de la violencia. Ella existe desde el mismo momento de la conquista y colonización, puesto que nacimos como parte de la civilización occidental a partir de un gran acto de asalto, pillaje y violación y luego a través de toda la vida republicana hasta el siglo XX, pero ésta era más que todo violencia política. La violencia a la que nos estamos enfrentando hoy es de tipo social-pura, no política.
En este caso, no se trata de una violencia racial, étnica, religiosa, política (las cuales pueden estar presente), sino de una violencia que no reconoce diferencias, porque no es una violencia ideológica. Es una violencia masiva, no de clase social (aunque haya mucho de resentimiento social) y que puede ser también muy anónima e impersonal. Por primera vez en nuestro país nos enfrentamos a un enemigo anónimo, ubicuo, con fuerte capacidad para hacer daño y por eso, para nuestra desgracia, indefensos y atemorizados.
Pobreza, exclusión social, desintegración de la sociedad y la familia (y sobre todo la familia), predominio de mensajes de antivalores en los medios de comunicación, crisis del modelo sociopolítico, son algunas de las causas fundamentales de la producción de este fenómeno; sin embargo la cuestión del modo de vida que se fue implantando a partir de los años 70, podría ser un factor muy importante. El estilo de vida fundamentado en el mercado que comienza fuertemente para esta época, significó una tormenta social devastadora en las “tranquilas aguas” de la sociedad tradicional venezolana. Sobre todo, el desplazamiento que este estilo de vida hace del modo tradicional de ver la vida, el hombre y el mundo en general, del venezolano tradicional. La cesta de valores tradicionales que colocaba en el primer lugar a la persona, la familia y el parentesco, el honor y la honestidad, la pertenencia a una comunidad y una familia, ahora va a darle paso a un sistema de valores en donde lo que está en la cúspide de la pirámide es: dinero, poder, objetos, consumo y confort, status material, la rumba y “el pasarlo bien a toda costa”, etc. Significa que nada importa sino eso porque estos valores hacen obsoletos, por antiguos, los valores tradicionales. Esto conforma una manera de ver el mundo que no coloca a la persona en el centro sino en lugares inferiores. La honestidad, el parentesco y la familia, la pertenencia a una comunidad y una familia, pasan a ser cuestiones de carácter desechable.
Ahora bien, que debemos hacer porque pareciera que nada se puede hacer. Todo se puede hacer, desde el punto de vista del hombre y lo social. Por supuesto que los problemas de pobreza, exclusión social y discriminación tienen que ser abordados.
1.- Es urgentemente necesario comenzar a trabajar sobre la implantación de una contracultura que se enfrente a la “Cultura de la muerte”, esto es, una “cultura de la vida”. Tolerancia-respeto-compasión-solidaridad- el compartir- -responsabilidad- cooperación- valoración del sí mismo y del Otro. Esto puede comenzar a trabajarse masivamente a través de los medios de socialización básicos, como son: la familia, la comunidad, la escuela y los medios de comunicación. Mientras más temprano, mejor.
2.- Urgente intervención de instituciones fundamentales como la familia. Tienen que existir políticas públicas al respecto, pero aún sin éstas, es mucho lo que se puede hacer desde instituciones como las universidades.
3. Los medios tienen que cambiar mensajes que transmiten anti-valores y dedicar un tiempo significativo a difundir los valores de la “Cultura de la vida” que hemos señalado.
Estos son algunos de los lineamientos (hay muchos más) de estrategia general de prevención social de la violencia que podemos comenzar y de hecho ya lo hemos comenzado en nuestro grupo de investigación e intervención que se denomina “Familia, conflicto y violencia”. No podemos dejarle como herencia social a nuestros hijos y nietos, una “Cultura de la muerte”.
1 comentario
Totalmente de acuerdo con su posición.
La clave está en la educación y no como un elemento secundario derivado de olvidados proyectos de transformación de ciudad. La educación como elemento activo, vivo, desvinculado de pasiones políticas y orientado al rescate de un ser humano integral. Tenemos un país anómico (Durkheim) que se desvinculó de las normas sociales desde los 80. Ahora, aparte del reto que significa modificar lo penal y hacerlo efectivo, se debe hacer énfasis en EDUCACION CIVICA. RETOMAR CONCEPTOS ETICOS Y DE VALOREs PROPIOS DEL SER HUMANO. A partir de ahi se lograrán la cohesión y la vinculación del ciudadano con su grupo social.Los venezolanos están desesperanzados.
Gracias, saludos y adelante!
Laura
http://venezuelabrillahoy.blogspot.com
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